Tanto que vos eras yo. Tanto subirte a los techos para llamarme viendo la luna. Tanto gritar mi nombre en pleno microcentro sin que te importaran las risas de los pelotudos. Tantas horas de teléfono. Nos podríamos haber comprado 22 pasajes con las facturas que pagamos. Tanto mirarme dormir. Para qué.
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