23 sept 2009

"Amores en fuga", Bernhard Schlink

Esto es otra joyita de Bernard Schlink.

Transcribo unos poquitos párrafos de uno de los cuentos de "Amores en fuga".


"La niña de la lagartija"

"(...) El niño volvió a empezar. «En el cuadro hay una niña. Está mirando a una lagartija.» Eso tampoco era todo lo que se podía decir de la niña. El niño siguió. «La niña tiene la cara blanca y los brazos blancos, el pelo castaño, y lleva arriba una prenda de color claro y abajo una falda oscura.» Pero eso tampoco lo satisfizo. Empezó otra vez por el principio. «En el cuadro hay una niña mirando a una lagartija que toma el sol.» ¿Es eso cierto? ¿La niña está mirando a la lagartija? ¿No está más bien mirando más allá de la lagartija, como a través de ella? El niño dudó. Pero enseguida la cuestión le pareció indiferente, pues a la primera frase la siguió la segunda: «Es una niña guapísima.» Esa frase era cierta, y con ella la descripción empezaba a hacer justicia al cuadro.

«En el cuadro hay una niña mirando a una lagartija que toma el sol. Es una niña guapísima. Tiene la cara fina, la frente lisa, la nariz recta y un hoyuelo en el labio superior. Tiene los ojos marrones y el pelo castaño y rizado. Lo más importante del cuadro es la cabeza de la niña, por encima de todo lo demás, a saber: la lagartija, la roca o la duna, la playa y el mar.»

El niño estaba contento. Ahora bastaba con colocar cada cosa en su sitio: el primer plano, el segundo plano o el fondo. Estaba orgulloso de su «a saber». Sonaba elegante y adulto. Estaba orgulloso de la belleza de la niña.

Cuando oyó a su padre abrir la puerta del piso, se quedó inmóvil. Lo oyó dejar la cartera, quitarse el abrigo y colgarlo, echar una mirada en la cocina y en el salón y llamar a su puerta.

–Estoy aquí –exclamó el niño, y dejó las hojas arrancadas cubriendo exactamente la libreta, y la estilográfica al lado. Así era como su padre tenía las actas, las hojas sueltas y los bolígrafos en su mesa. Empezó a hablar en cuanto se abrió la puerta.

–Estoy aquí porque nos han mandado describir un cuadro y estoy describiendo éste.

El padre tardó un momento en comprender.

–¿Qué cuadro? ¿Qué estás haciendo?

El niño volvió a explicarse. Por la actitud del padre, que los miraba al cuadro y a él con el ceño fruncido, se dio cuenta de que había hecho algo malo.(...)"

2 comentarios:

ivanseru dijo...

Que buen post, felicidades.

Iván Sánchez.

Ges dijo...

Gracias por pasar y leer Iván!