Esto es otra joyita de Bernard Schlink.
Transcribo unos poquitos párrafos de uno de los cuentos de "Amores en fuga".
"La niña de la lagartija"
"(...) El niño volvió a empezar. «En el cuadro hay una niña. Está mirando a una lagartija.» Eso tampoco era todo lo que se podía decir de la niña. El niño siguió. «La niña tiene la cara blanca y los brazos blancos, el pelo castaño, y lleva arriba una prenda de color claro y abajo una falda oscura.» Pero eso tampoco lo satisfizo. Empezó otra vez por el principio. «En el cuadro hay una niña mirando a una lagartija que toma el sol.» ¿Es eso cierto? ¿La niña está mirando a la lagartija? ¿No está más bien mirando más allá de la lagartija, como a través de ella? El niño dudó. Pero enseguida la cuestión le pareció indiferente, pues a la primera frase la siguió la segunda: «Es una niña guapísima.» Esa frase era cierta, y con ella la descripción empezaba a hacer justicia al cuadro.
«En el cuadro hay una niña mirando a una lagartija que toma el sol. Es una niña guapísima. Tiene la cara fina, la frente lisa, la nariz recta y un hoyuelo en el labio superior. Tiene los ojos marrones y el pelo castaño y rizado. Lo más importante del cuadro es la cabeza de la niña, por encima de todo lo demás, a saber: la lagartija, la roca o la duna, la playa y el mar.»
El niño estaba contento. Ahora bastaba con colocar cada cosa en su sitio: el primer plano, el segundo plano o el fondo. Estaba orgulloso de su «a saber». Sonaba elegante y adulto. Estaba orgulloso de la belleza de la niña.
Cuando oyó a su padre abrir la puerta del piso, se quedó inmóvil. Lo oyó dejar la cartera, quitarse el abrigo y colgarlo, echar una mirada en la cocina y en el salón y llamar a su puerta.
–Estoy aquí –exclamó el niño, y dejó las hojas arrancadas cubriendo exactamente la libreta, y la estilográfica al lado. Así era como su padre tenía las actas, las hojas sueltas y los bolígrafos en su mesa. Empezó a hablar en cuanto se abrió la puerta.
–Estoy aquí porque nos han mandado describir un cuadro y estoy describiendo éste.
El padre tardó un momento en comprender.
–¿Qué cuadro? ¿Qué estás haciendo?
El niño volvió a explicarse. Por la actitud del padre, que los miraba al cuadro y a él con el ceño fruncido, se dio cuenta de que había hecho algo malo.(...)"
2 comentarios:
Que buen post, felicidades.
Iván Sánchez.
Gracias por pasar y leer Iván!
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